El sexo anal es una práctica sexual consistente en la introducción del pene o de un juguete sexual en el ano y el recto de la pareja. Otros términos sinónimos son 'sodomía', 'coito anal', 'pedicación' o 'enculada'. Es posible también que una mujer penetre analmente a un hombre o a otra mujer por medio de una prótesis, que comúnmente va sujeta a su pubis por medio de un arnés. Esta variante del sexo anal recibe el nombre de pegging.
La persistencia del tabú a lo largo de los siglos ha difundido la idea de que el coito anal sería 'antinatural', frente al coito vaginal. Hay que considerar también que la sexualidad humana tiene fines más amplios que el meramente reproductivo, y en este sentido, en tanto que esta práctica también puede considerarse un juego sexual, tiene también pleno sentido erótico.
Actualmente, el sexo anal está considerado una de las prácticas sexuales más extendidas en parejas heterosexuales. Diversos estudios revelan que, hoy en día, mujeres y hombres confiesan disfrutar del sexo anal. Aproximadamente el 40% de las parejas heterosexuales lo han intentado al menos una vez y, entre el 10% y el 20% de parejas lo practican con regularidad.
Además del Marqués de Sade, muchos autores como: Bocaccio, Chaucer, Petronio o Rabelais han descrito este tipo de prácticas en sus obras. Entre los autores del siglo XX que han introducido escenas de sexo anal en sus escritos, se encuentran:
Guillaume Apollinaire, en su obra 'Las once mil vergas':
"Las manos de la chica no se quedaron inactivas: habían agarrado la verga del príncipe y lo hablan dirigido por el estrecho sendero de Sodoma. Alexina se inclinaba de manera que su culo destacara mejor y facilitara la entrada del cipote de Mony."
Giovanni Bocaccio:
"Dicho lo cual, la llevó a uno de los dos lechos y le enseñó qué postura debía adoptar para aprisionar a aquel maldito diablo. La joven Alibech, que nunca había metido el diablo en el infierno, experimentó un gran dolor ante las acometidas de aquel, por lo cual dijo: “En verdad, muy malo y un tremendo enemigo de Dios debe de ser este diablo, pues hasta en el momento en que se le mete en el infierno causa mal."
En la cinematografía pornográfica, las escenas que contienen sexo anal se han vuelto omnipresentes al ser una práctica muy demandada. En dichas escenas es común que, en ocasiones, las nalgas y ano de la persona penetrada esté afeitado o depilado, así como los testículos y pubis de la persona que penetra, para una mejor visualización de la penetración.
Con independencia de la llamada al deseo que puede originar el poder romper un tabú, existen razones antropológicas por las que la visión de un trasero provoca deseo sexual
Gräffenberg, el investigador alemán que descubrió el Punto G y le da nombre, creía que la postura ideal para estimular esa zona -y obtener la máxima excitación- era la penetración por detrás como lo hacen todos los cuadrúpedos, ya que el ser humano evolucionó desde primates que aún no eran bípedos, para posteriormente erguirse.
Con independencia de que se produzca la penetración, la visión de un ano, su caricia y sobre todo el contacto del pene con uno puede provocar fácilmente la erección.
Los glúteos (nalgas para que entiendan) asimismo son muy sensitivos y, si la experiencia de las caricias estimula el deseo sexual, en algunas posturas de práctica del coito lógicamente también se produce un contacto rítmico con los glúteos, lo que es un fuerte estímulo sexual para ambas partes.
Drako
lunes, 7 de enero de 2008
¿Qué es Sexo Anal?
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